Cuando Amanda abrió los ojos, lo primero que vio fue la cara ya tan familiar de Jorge. De repente, toda la angustia acumulada se desbordó y, sin pensarlo, lo abrazó con fuerza, rodeando su cuerpo con sus brazos. Se sentía como una niña desamparada, buscando consuelo. Jorge, con el corazón destrozado al verla así, la acarició suavemente en la cabeza, murmurando palabras tranquilizadoras.
— Llegué bastante tarde, por favor perdóname, no volveré a dejarte sola — dijo Jorge, con la voz cargada de cu