Amanda entreabrió los ojos con dificultad, intentando reconocer a quien había entrado. La brillante luz de fondo solo le permitía ver una silueta alta, pero no podía distinguir la cara.
— ¿Quién coños te crees? ¿Y quién le dio el derecho de entrar así a arruinar mi diversión? ¡No sabes quién coños soy yo?
Linares no pudo terminar la frase, porque el recién llegado lo pateó con tal fuerza que lo mando directo al suelo.
En ese instante, Amanda sintió que alguien la levantaba y la sostenía con firm