—¡Amanda reunió todo el coraje que le quedaba y finalmente logró romper la rigidez de su cuerpo. Salió corriendo sin mirar atrás.
—¿Tan aterrador soy? —dijo el hombre, con una sonrisa y una mirada profundamente significativa.
Amanda siguió corriendo, sin siquiera atreverse a voltear. No podía perder ni un segundo, temía que, si lo hacía, él la alcanzaría.
Corrió hasta que sintió que su corazón estaba a punto de saltarle del pecho. Solo cuando vio más gente alrededor empezó a sentirse un poco más