48. Confesiones
Allie se quedó unas horas disfrutando de la paz que le generaba estar rodeada por la naturaleza. No quería llorar más, ella era una mujer fuerte y estaba segura que saldría de esto, pero definitivamente tenía que alejarse de Gabriel, y renunciar a la herencia era la única manera de hacerlo.
Regresó al coche y condujo a su casa. Apenas entró, Timmy corrió a sus brazos.
—¡Allie! —La abrazó con fuerza—. ¿Gabriel viene contigo?
—Hola, pequeño —Saludó—. No, en esta ocasión vengo sola —respondió