105. Hasta medianoche
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La casa donde Connie había llevado a Leo estaba perdida en las afueras, entre árboles viejos y una cerca oxidada. Por fuera, parecía abandonada. Por dentro, apenas si tenía lo necesario para pasar desapercibida. Las cortinas raídas impedían que se viera hacia el interior, y solo el chirrido del piso de madera delataba que alguien vivía ahí… o al menos se escondía.
Connie observaba al niño desde el otro lado de la habitación. Estaba sentado en una vieja silla de madera, con los pies colgando