Alessandro se sentía diferente, nunca antes se había sentido intimidado de aquella manera, Sophia con intención o sin ella le hacía ver que actuaba como una esposa, y eso lo sacaba del juego.
—Si —respondió Alessandro al teléfono.
—Señor, he descubierto que alguien está moviendo dinero sucio en la empresa de los Adams —Alessandro se dio vuelta y fijó la mirada en su esposa—. Muy seguramente se trata de Amelia, ya que cada vez que me cruzo con ella actúa bastante nerviosa.
—No creo que sea ella,