El anzuelo estaba puesto. Scutaro creía que tenía el control, pero la realidad era que Emi, desde su hermosa colina frente al lago, usaría el dinero de su fideicomiso y la fachada del ruso para ir comprando, una a una, las acciones de los socios menores que Scutaro fuera descuidando. Dimitri sería el rostro visible, pero Emi Vega sería la dueña de cada centímetro de ese imperio, recuperándolo poco a poco sin que ellos siquiera vieran venir el golpe.
Gabriel estaba deshecho. La noticia de que E