Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que siguió se hacía palpable al otro lado de la línea.
Eran el suave jadeo y la respiración continua los que indicaban que Toria seguía al otro lado.
Entonces, dijo: «Nunca me gustó ese idiota. Tiene la cabeza demasiado grande para su cuerpo».
Reyona no pudo co







