Thomas la abrazó mientras se movían al suave ritmo de la canción. No quería recordar aquel día. No, ahora no. «¿Estás segura de que estás bien?», le volvió a preguntar a su mujer.Reyona echó la cabeza hacia atrás mientras miraba fijamente a los ojos que tanto había llegado a amar. Los ojos en los que había creído que se perdería el resto de su vida.«Sí, cariño», dijo ella con voz entrecortada. «Estoy bailando contigo, el amor de mi vida, ¿no es así?».Thomas asintió.No tenía ni idea de qué más hacer salvo asentir. Sabía que debía dejarlo pasar. Debía dejar que ella disfrutara de ese momento, pero no podía quitarse de encima la molesta sensación de que algo no iba bien. Tenía que preguntárselo.Reyona vio la mirada que se le dibujó en los ojos mientras se movían sin perder el ritmo, tal y como lo habían hecho durante años. Estaban perfectamente sincronizados, y pensó que, al fin y al cabo, él no era tan cerrado con sus expresiones. Debía de haber sido ella quien no se había dado cue
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