Sloane
No pensaba que les dieran tanto miedo los gatos… Es decir, solo eran gatos y sé que a veces pueden ser un poco traviesos, pero esto ya era demasiado.
Seguí riéndome mientras ellos no me prestaban ninguna atención hasta que llegamos a casa. Me bajé del coche y los trillizos también; una vez cerrado el coche, les puse cada transportín en las manos, riéndome mientras lo hacía.
—No me obligues a hacer esto, Sloane —dijo Dean.
—Venga ya, es un gatito. No te va a hacer daño ni te va a morder