Sloane
Pedí un Uber y me fui a casa —si es que se le puede llamar así. En cuanto llegué, me quité la ropa, bajé a la cocina y me serví un gran bol de helado con chocolate. Me senté en mi habitación a ver una comedia romántica mientras lloraba a lágrima viva.
No me juzgues. Esta es mi terapia.
Llorar, de hecho, relaja los nervios.
Unos minutos más tarde, llamaron a la puerta y oí su voz, la de Hunter.
—Sloane, por favor, abre la puerta —suplicó, pero yo no respondí.
—Tenemos que hablar, por favo