Adanna
En esos días tuve que actuar como si nada hubiese sucedido, fingiendo ser cada vez más débil, más enferma.
Bajo esa excusa traté de alejarme un poco del pequeño Iker. Hasta llamarlo así me hervía la sangre porque él no era hijo de Iker. Había cometido un gran error al permitir que ella le pusiera su nombre.
Pero ¿qué iba a saber yo? Todo era una mentira.
Para mí, él era la simiente de mi amado. Lo único que me quedaba de él.
Me aferré tanto que lo amé como si fuera mi hijo propio. Y ahor