Capítulo 11. Verdades que incomodan.
Milo Prince
El vuelo a New York se me hace corto y largo al mismo tiempo.
Corto porque no tengo paciencia para estar sentado sin hacer nada. Largo porque mi cabeza no para de repetir la misma conversación desde que salí de Boston.
Tenemos el proyecto, pero no es solo nuestro.
Hablar con mi padre sobre la decisión del ayuntamiento fue difícil. Sé que él no quiere presionarme, que confía en mi criterio, pero a diferencia de otros proyectos, en este todos estamos atados de manos y pies.
Compartir el proyecto por el que fui a Boston en primer lugar, con la competencia, no estaba en mis planes. No estaba en los planes de nadie que entienda lo que significa expansión real.
Para el ayuntamiento fue la solución perfecta. Para la junta es solo una decepción elegante, disfrazada de felicitaciones tibias.
Y es algo que tengo que meterme en la maldita cabeza.
Intenté sentirme bien con eso, pero lo que tengo ahora en mis hombros es mucho. Aston incluso me habló de hacer un tipo de alianz