Daniel.
Se abre la puerta, es ella, me dedica una tímida mirada por una milésima de segundo, baja la cabeza, tiene los ojos y la nariz roja, aunque se maquilló para disimularlo, y puedo darme cuenta.
—¿Todo bien? —pregunto observándola con detenimiento.
—Sí, todo bien. Continuaré con lo que hacía.
La observó, se b**e el cabello y sigue en la misma posición que estaba más temprano, no aparta los ojos de la pantalla.
Me relamo los labios observando su boca carnosa, paso saliva recordando mi boca s