Quiana, sintiéndose abandonada, dejó de preocuparse por todo lo demás. Se rindió por completo y reveló todo lo que sabía, soltando una risa burlona.
—¿Sabes lo que encontré en tu auto? ¡Las medias de Yara! Ustedes dos lo hicieron allí más de una vez, ¿verdad? Yara fue una completa tonta. ¡Por cuatro años ella aceptó ser tu amante secreta! Marcus, fuiste tú quien no confió en ella. La viste sufrir y aun así me elegiste a mí. ¿Crees que yo alejé a Yara? ¡No, fuiste tú!
Con cada palabra, el rostr