[Perspectiva de Nerea]
Amanecí con fiebre por la mañana antes de ir a trabajar. Pese a que traté de ir de todas maneras, Caleb me obligó a reposar y llamó a un médico para que le dijera qué tenía. En efecto, era gripe, lo que era contagioso y dolía como el infierno. No podía ni moverme.
Una hora más tarde Caleb ya no estaba y me recosté en la sala con mantas, pañuelos, galletas para ver una película.
Esperaba que todo tomara un rumbo más calmado.
El teléfono sonó. Lo tomé con una sonrisa. Últ