72. Mi lugar seguro
Bella
Sus dedos acariciando mi espalda desnuda. Una luna plateada que se levantaba fuera de la ventana, y sus ojos azules mirándome como si yo fuese un ser extraño que había invadido su mundo.
Habíamos el hecho el amor. Una vez, luego otra, y luego otra vez. El cansancio nos venció, pero ninguno de los dos decidió dormirse hasta que el sol amenazó con salir.
Yo fui la primera en despertarse, los rayos del amanecer ya se colaban ligeros por la ventana para ese entonces. Sebastian permanecía enro