108. El amor de su vida... y de la mia
Bella
Rigo compartió el silencio conmigo y también aquella necesaria bocanada de aliento cuando salimos al exterior y la brisa azotó nuestra cara. Acompañada además por una sextena de hombres custodiando la zona, me senté en una piedra y oteé la expresión de tranquilidad del hombre que había cuidado de mi durante las últimas semanas.
Con el pulso ligeramente controlado, tragué saliva y me escondí un mechón de cabello detrás de la oreja antes de hablar.
—¿Alguna vez… te has sentido como que la t