55. De rodillas
Amir
Mis pasos resuenan en el corredor mientras avanzo hacia mi oficina, con cada zancada mi corazón late más rápido. Al llegar frente a la puerta, contengo la respiración antes de girar el pomo y adentrarme en la habitación. Lo primero que veo es a mi padre, sentado en mi silla detrás del escritorio, flanqueado por dos hombres armados. Una sensación de ira mezclada con determinación se apodera de mí.
—Dos visitas en un mismo mes, algo debo estar haciendo bien para tenerte así —le digo a mi