—Señor Valiente, ¿a dónde va a ir después?
Rogerio se quedó inmóvil. Luego volvió a su sonrisa tranquila.
—Después de dejarlas, por supuesto que me voy a casa.
—¿Y ya has comido? —insistió Lisa.
Rogerio guardó silencio un momento y luego respondió a la pregunta.
—Todavía no.
—¡Qué bien! —Lisa aplaudió. Luego se dio la vuelta y miró a Lucía—. Invitemos al señor Valiente a cenar con nosotras. Deja que el señor Valiente pruebe también tus platos.
Lucía no esperaba que Lisa dijera eso. Inmediatament