Así que, básicamente, ella no tenía opción alguna.
Al darse cuenta de eso, Lucía se sintió un poco desanimada y murmuró:
—No puedo decidir nada de esto. Solo puedo tomar las cosas tal como vienen.
Jorge frunció el ceño, sin saber realmente qué decir. El ambiente dentro del coche se volvió repentinamente sombrío.
Mientras tanto, Lucía cerró los ojos y se recostó cómodamente en el asiento, pero su corazón anhelaba el calor que acababa de experimentar en los brazos de Jorge.
Mientras tanto, la señ