Finalmente, Rafael recibió la notificación de que el jefe del cerro iba a rescatar a Ana Claudia para él. Sin embargo, la mala noticia era que ya no podían continuar en Río de Janeiro. Rafael decidió vender la cafetería a uno de los comerciantes locales, que siempre quiso expandir sus negocios, aunque la cafetería estuviera en parte hipotecada, lo que significaba que la mitad del valor iría a otra parte.
Telefoneó a su primo en el interior y le pidió un empleo en la hacienda que poseía, aunque