Sasha
Las horas que siguieron estuvieron marcadas por una intensidad de preparación frenética. Cada movimiento, cada gesto, parecía inscrito en una coreografía secreta que solo la guerra podía dictar. El pacto estaba decidido, y había que presentarlo a los demás, asegurarse de que todo se pusiera en marcha. Pero una parte de mí seguía preocupada. No por la idea de la unidad entre los clanes, sino por el precio que todos tendríamos que pagar para alcanzar ese objetivo.
Adrian y Dante eran mis pi