Sasha
El dolor es una marea creciente, ardiente e implacable.
Siento que Dante me sostiene firmemente, pero sus brazos tiemblan de rabia.
Adrian se acerca, su rostro de mármol, pero percibo la tormenta en sus ojos.
— Regresará, murmuro.
— No podrá huir eternamente, responde Adrian, su voz cortante como una hoja.
Intento sonreír, aunque el dolor me arranca un gemido.
— Mejor. Porque esta vez, soy yo quien lo rastreará.
El dolor pulsa en todo mi cuerpo, cada respiración es una lucha. Siento el sa