Sasha
El silencio que siguió a la partida de Dante era más ensordecedor que los disparos que habían resonado unos momentos antes. Mi corazón aún latía a un ritmo frenético, mis músculos tensos por la adrenalina. Tenía ganas de gritar, de correr tras ese hijo de perra y desgarrarle la garganta, pero Adrian me agarró del brazo antes de que hiciera algo estúpido.
— No juegues su juego, Sasha.
Su voz era áspera, marcada por el dolor. La herida en su hombro sangraba abundantemente, y a pesar de su a