Estaba conectado a una maquina que le medía los latidos, mientras su pecho estaba al desnudo mientras estaba vendado del pecho. Su piel era más pálida de lo normal, sus labios estaban morados y resecos, mientras que sus latidos eran débiles, pero lo suficientemente notables para considerarse normales.
Me acerque lentamente, ya que para mí era casi imposible ver a un Maximo que no fuera Maximo. El hombre siempre se mostraba fuerte y vital ante todos, nunca se mostraba débil, lo cual admiraba de