Las sirvientas no solemos soñar con romances. Vivimos detrás de una cocina, detrás de una escoba y nunca esperamos por más.
Vemos a nuestros patrones por lo que son, las personas que nos pagan para que hagamos tareas para ellos. Nunca miramos a nuestros jefes como nuestro primero amor, pero mientras el agua cae afuera y los vidrios se empañan, no puedo dejar de pensar en lo que acababa de pasar.
La chimenea esta prendida, mientras mi cabeza esta sobre su pecho desnudo. Un pecho que se siente ba