Era evidente que Francisco venía a verme con más frecuencia; cada día me hacía diversas pruebas, como si mi estado fuera grave.
—¿Y si empiezo a preparar unas fotos, cuñado? ¿Puedo elegir un ataúd rosa? —pregunté a modo de broma.
—¿Necesitas que te prepare los ofrendas con anticipación? —me lanzó una mirada de reproche.
En los últimos días, había dejado de discutir conmigo, así que me alegró un poco que hoy hablara tanto.
—Entonces, deberías darme lo que más me gusta comer, para que pueda disfru