Félix se interpuso frente a nosotras, con los ojos inyectados en sangre, como si quisiera devorarnos.
—¿Está loco? ¿No te asustó? —Estela me miró, desconcertada.
Acababa de negar con la cabeza cuando escuché su exclamación.
Al voltear, vi a Karla de pie, con una expresión siniestra, no muy lejos de mí.
—¿Karla, qué haces? —Estela me protegía como una gallina con sus polluelos.
—Solo estoy disfrutando el espectáculo —Karla sonrió de manera torcida.
—Saber que tanta gente te odia me da tranquilida