Los guardaespaldas que Leonardo me dejó estaban de turno las 24 horas, casi viviendo en el hospital. También contrató a un enfermero, que venía a cuidarme casi todo el tiempo.
Jorge, que parecía tener más de cincuenta años, era un veterano. Aunque decía que estaba allí para cuidar de mí, en realidad también me protegía.
Aun así, no pude escapar de lo que iba a suceder. Hoy, Jorge me empujó en la silla de ruedas para hacerme unos exámenes, y en la puerta del ascensor, se acercó una niña de unos v