Desperté por fin en la noche, y al abrir los ojos, vi a Estela mirando su teléfono.
—Por fin te despiertas. ¿Tienes algún malestar?
—El agua que preparó el doctor estaba demasiado fría. No deberías beber agua tan fría ahora —Ella me sirvió un vaso de agua tibia.
—Compré una tetera eléctrica. Deberías pedirle a la enfermera que te prepare agua caliente.
Sonreí y asentí, pero sentía que, a pesar de haber dormido, no me sentía descansada.
—¿Qué pasa? —Pregunté al ver que parecía dudar en decir algo