—Tío José, ¿no te estás metiendo demasiado en mis asuntos? ¿Tengo que informarte de a dónde voy? —Ajusté mi abrigo, intentando alejarme de la azotea.
La posición de Antonio no era tan oculta, pero gracias a que ya estaba oscuro, mientras no mirara hacia allí, José no podría descubrirlo.
—¿A dónde crees que vas? —José bloqueó directamente mi camino.
—¿Estás loco? ¿No puedo regresar a dormir? No soy una criminal, ¿acaso he perdido mi libertad? —Hice un gesto brusco para apartar su mano; la azotea