Daniel aclaró la garganta con fuerza y volvió a adoptar una expresión seria.
Me ayudó a arreglar la ropa y luego me dio una palmadita en el hombro.
—Sigue esforzándote en el trabajo, no dejes que el proyecto se retrase.
Luego se dio la vuelta y salió corriendo, dejándome a mí, incómoda, y a Valentina, que no paraba de reír.
—¿Qué pasa entre ustedes dos? ¿Se reconciliaron? ¡Qué rápido ha sido este cambio! ¿Daniel está poseído por algo? ¡Sigue así, jajaja! —Se acercó y, imitando a Daniel, me dio u