Cerré los ojos, sin querer ver su sonrisa despectiva. Sabía que ella lo sabía todo.
Una persona normal, como Estela, podría adivinar fácilmente mi situación. Pero alguien como Sofía, siempre que no fuera completamente tonta, también podría darse cuenta.
—No me sorprende que uses peluca, claro, porque ya has comenzado la quimioterapia, ¿verdad? Debes estar al borde de la muerte. Por eso no has venido a trabajar y necesitas tanto dinero. Sé que tratar el cáncer es caro, tsk, tsk... —decía mientras