A veces desearía que fuera un hombre para poder hacerle entrar en razón a golpes, pero ahora que es una mujer, no podría atreverme. Sobre todo porque está embarazada.
Entro tranquilamente en la oficina y la puerta se cierra tras de mí. Alina ya está de pie, sonriendo de muela en muela como una idiota.
"Buenos días, mi Señor".
"Esta mañana no tiene nada de buena", digo en tono malhumorado mientras me acerco a ella.
"¿Por qué no?". Me detengo a unas pulgadas de ella.
"¿Por qué he recibido