La sirvienta nos conduce hasta la puerta de una habitación y en cuanto la abre, se me cae la mandíbula al suelo.
"Esta es la habitación que nos pidió que preparáramos. Es la más sofisticada del edificio".
El cuarto es diez veces más grande que el que compartimos Tessa y yo ahí fuera. Todo es blanco y hay una maldita sala de estar con sofás de aspecto caro y una maldita televisión de pantalla plana. Mis ojos divisan el tocador en la otra esquina de la habitación y tengo que clavar los pies en e