KIARA
Nos sentamos en los sillones de cuero blanco, la luz del sol da en la terraza, pero la sombrilla nos cubre de su resplandor. El silbido del viento se hace presente ya que el otoño llego y las tardes están un poco más heladas que de costumbre.
Mi hermana no deja de admirar la vista tan espectacular que hay en esta azotea y Reagan le pide al camarero decenas de platillos, que cuando los trae la mezcla de olores me hace gruñir el estómago.
Terminamos picoteando de todo, entre filete a punto