Maya se despertó con la luz del sol filtrándose por ventanas desconocidas. Por un momento no recordó dónde estaba, no recordó por qué le dolía el cuerpo, por qué le ardían las muñecas, por qué la cara le palpitaba con cada latido del corazón.
Entonces volvió todo. La camioneta, las máscaras, la silla, las preguntas, el cuchillo contra su garganta. Su respiración se atascó, el pánico subiendo como una marea.
"Oye", una voz, suave y baja. "Estás a salvo, Maya, estás bien".
Giró la cabeza. Darshen