Apenas Evangelina entró a la casa, se pegó de la puerta suspirando. Se sentía nerviosa, como una adolescente enamorada, enamorada de su primer hombre y del padre de sus hijos.
—Te amo Demetrio, te amo desde el primer momento que me besaste y me mostraste el placer de ser mujer —susurró tocando sus labios.
—¿Qué haces Eva? ¿Y ese escándalo? —Eva brincó del susto al ver a Santino en la puerta de brazos cruzados.
—Nada Santi, unos vecinos con un escándalo, pero ya se fueron, descansa —caminó, por u