…Amber, sintió sus piernas como gelatina, parecía un pequeño gánster debajo de la imponente figura de su jefe, pequeña y sin protección bajo las garras de Andrea Laureti.
—Yo…—tartamudeo, pero Andrea, no dejó que siguiera La tomó por el cuello y la comenzó a besar de una manera tan apasionada que las braguitas de Amber comenzaron a empaparse.
Andrea la levantó como bebé y la depositó en el escritorio. Estaba desesperado por ella, su mente estaba nublada, y sus sentidos al parecer lo habían aban