El rostro de Amber se empapó de lágrimas. Su semblante se tornó pálido, y las palabras no querían salir de su boca
—¿Tú? ¿Cómo? ¿Por qué no me lo dijiste? —la voz de Amber se quebró.
—Lo siento mucho Amber, yo … Yo no podía hacerlo —Amber arrugó el entrecejo.
Aidan sintió que un peso salía de sus hombros. Llevaba años viendo a Amber desde lejos, añorando el momento exacto para acercarse a ella.
—No hay una excusa para que un padre no pueda estar cerca de su hija, yo viví mi vida añorando a un pa