Diez horas duró el vuelo a Italia, y luego una camioneta con otros choferes y guardaespaldas los esperaban en el aeropuerto privado de Roma. Amber estaba nerviosa, no solo porque en la fiesta iba a estar mucha gente, sino que también conocer el resto de la familia Laureti le daba nervios.
«¿Y si no me quieren? ¿Y si me desprecian por ser pobre?», pensó suspirando.
No tardaron mucho tiempo en llegar a la mansión Laureti. Amber se quedó maravillada al verla, era parecida a la de florida, solo que