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CAPÍTULO 32

— Lo siento, cariño, estoy tan cansado que no creo que pueda levantarme… ¿Por qué no sales y lo recoges tú? —dice, divertido.

— Mi toalla es tan corta… maldición… no quiero… está bien. —murmuro para mí misma. Intento estirar mi toalla, que apenas cubre mi trasero, y la bajo hasta una longitud más apropiada, mientras me aprieto los brazos contra el pecho. Este chico me va a matar.

Salgo de detrás de la puerta y me acerco a la silla al borde de la cama donde Beck ha dejado un conjunto
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