Serena despertó lentamente, los cálidos rayos del sol se filtraban hacia la habitación.
Por un minuto, sus ojos todavía se sentían pesados y su garganta seca y agria.
Sus párpados seguían revoloteando, como si no quisieran abrirse todavía...
Cuando finalmente abrieron, el mundo volvió a ella en un solo maremoto.
El techo sobre ella era lo primero que podía reconocer, al menos hasta un punto.
Un tenue y amargo aroma de hierbas se aferró al aire.
Intentó inhalar, cuando un dolor agudo atravesó su