El bosque me envolvía con su quietud engañosa, pero dentro de mí, todo era un torbellino. Mis pasos eran rápidos, casi erráticos, mientras me alejaba de Aiden y los demás. Necesitaba espacio. Necesitaba pensar.
Pero, ¿pensar en qué? Si mi mente era un caos de fragmentos inconexos, de sombras de recuerdos que se deslizaban por los bordes de mi conciencia sin llegar a completarse.
Morgana.
Su nombre era una maldición. Una llave oxidada que amenazaba con abrir una puerta que yo ni siquiera recorda