Salí del hospital en silla de ruedas y el enfermero me ayudó a subir a un taxi, no tenía idea de lo que iba a hacer para bajarme y llegar a mi apatu sin lastimarme la rodilla.
Tenía el estómago revuelto y también la cabeza hecha un verdadero lío. Estaba muerta de miedo porque no sabía que era lo que iba a hacer con un hijo en mi vida.
Por fortuna el taxista era un buen hombre y me ayudo a llegar hasta la puerta del apartamento y solo tuve que caminar apoyada en la pared hasta llegar a mi habita