CAPÍTULO 62

Adrick sentía que había pasado una eternidad atrapado en el tráfico, ya había salido del estancamiento y estaba cerca de la mansión

—¿Podría apurarse? —le preguntó a la conductora tratando de sonar amable

—No. No puedo —contestó ella con un tono borde

—¡Joder! —gritó Adrick con una voz gutural. Le propinó dos golpes cargados de ira a la puerta.

La mujer detuvo el auto y bajó de él enfurecida. Adrick la miraba confundido por la ventanilla. Ella abrió la puerta

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