CAPÍTULO 34

Esa noche, Katsumi se escabulló hasta su habitación. Para su fortuna, nadie la vio. A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta la despertaron. No programaba el despertador para sonar los sábados, pues no tenía que acompañar a Anya al colegio.

—Buenos días —dijo Fedora cuando Katsumi le abrió la puerta. Llevaba una bandeja. Katsumi se hiz

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