Aún con las advertencias de aquellos ancianos, la duquesa siguió avanzando en medio del bosque y la espesa oscuridad que caía al anochecer. Mientras avanzaba, los aullidos de los lobos se oían como canticos de las criaturas de la noche, ella se acercaba al castillo maldito y antes de llegar a sus cercanías, dos licántropos se acercaron ferozmente para devorarla. Ella dio un grito pero alguien detuvo a los feroces carnívoros, era Franco que sabía por intuición que la duquesa lo andaba buscando.