MAYLA
Marcus rezumaba dominación mientras me miraba con ojos llenos de lujuria, su gran erección evidente en sus pantalones. Mis ojos se clavaron en él, desesperada por tener mis manos alrededor de su gruesa longitud, mi boca salivando ante la idea.
—Quiero hacerlo despacio—, dijo Marcus, dando unos pasos hacia mí. —No quiero precipitarme.
Una parte de mí estaba preocupada por si me pillaban los otros que vivían en la casa de la manada, pero también había algo increíblemente sexy y tentador en